Sobre el origen de las hadas...
Hace eones de tiempo cuando la Tierra era joven y la creación brillaba con un fulgor en el que muchas primaveras y veranos soslayan apenas un brillo, era la Primavera de los Comienzos, cuando el hombre no existía aún en ella. La santísima Trinidad andaba paseando maravillada de todo lo que iba creando, manteniendo y destruyendo cuando llegaban a su fin, acompañada de los ángeles...
Entonces estalló la rebelión de Luzbel y sus ángeles, quienes en su soberbia atacaron la corte celestial pero Micael y sus aliados arcangélicos contraatacaron y hicieron caer a ellos precipitándolos al abismo y a desperdigarlos en los miles de universos y finalmente en la Tierra, allí hicieron cosas muy dañinas que empalidecieron el esplendor de la recién creada Tierra...
Muy afanosos estaban los ángeles fieles reparando los daños infligidos... el Padre y el Hijo reconstruían todo y devolvian el fulgor. Pero la Mater Celestialis, lo que en circulos cristianos llaman el Espiritu Santo, andaba callada y taciturna... más colaboraba con Ellos, en un triangular torbellino cuasi caótico y fractalmente en que cada parte estaba el todo... más había una desazón secreta que Ellos adivinaban en Ella. Todo era silencio y alborozo al mismo tiempo que miles de formas surgían y desaparecían del seno abismal del ojo siempre calmo y a la vez de prodigiosa e isondable algarabía de millones de soles y galaxias naciendo en los múltiples universos y a la vez muriendo, como innúmeras estaciones del año en un devenir ad aeternum, de las cuales la Tierra es una chispa que dura un instante...
No obstante, los ángeles se inquietaron mucho por Ella... más Gabriel preguntó, ¿Que te causa pesar, amadisima Mater Celestialis?
Queridísimos ángeles, ustedes saben que los amo muchísimo y que el Padre me puso como Señora de ustedes; pero ¡Ay! mi Persona se estremece ante lo que hacen Luzbel y sus ángeles y se derrama en lágrimas, lloraba mientras decía esto y las lágrimas se convertían en gotas de cristal primordial de todo liquido creado, luego cantó algo dulcísimo a ellos y se durmió; en la creación se hizo de noche.
Seguime Hijo, dijo de repente el Padre penetraron en la Casa Celestial, se dirigieron a la habitación de la Mater Celestialis, como brisa de primavera, fresca y leve; recogieron las lágrimas de Ella; había grandes, medianas y pequeñas, pero todas de un brillo indescriptible que ni todos los diamantes del mundo pueden igualar.
Luego que las recogieron todas, silenciosa y levemente se fueron al taller de creación. El Padre se puso a pensar, mientras el Hijo seguía creando ángeles según le enseño el Primero;
hacía largo rato, que estaba así, cuando miró la Tierra que había creado y vió que estaba muy silenciosa, los pájaros no cantaban en esos tiempos primigenios sino que eran descendientes de los dinosaurios, quienes gemían y chillaban, los mamíferos eran menos que minúsculos animales, tan pequeños como una rata.
Recordaba la gran batalla de los arcángeles, ocurrida poco después de su creación, uno de los cuales se ensorbeció, se opuso contra los otros y se rebeló contra los Tres Santos.
Y agarró una rama de los saurios y hizo bestias terribles que estremecieron la Tierra; Dios Trino viendo esto, tuvo que exterminar con fuego y polvo del espacio a esas criaturas, según dicen las Crónicas... Y vió que había muchos de los secuaces de ese Aborrecible haciendo porquerías en la Creación que estaba gestando.
Y miró las lágrimas rutilantes de la Madre; suavemente empezó a entonar un cántico intranscribible, de millones de arpas, ante el encantamiento las lágrimas se estremecieron apenas poniéndose opacas, resquebrajándose para dejar salir de su interior unos seres alados casi insectíforos que en vez de alas de paloma llevaban alas de insectos transparentes y nervadas, que recuerdan a las de la libélula mayormente.
El Hijo, maravillado, se acopló al cántico del Padre, mientras estallaba una míriada de hadas de todos los colores y formas, unas eran como mujercillas, otras mujeres insecto o otras más mujeres pájaro. Entonces se oyó el rumor de como el batir de miles de alas, era la Madre, que lloraba también pero de alegría y las lágrimas eclosionaban para dar hadas más buenas y hermosas.
Gracias mis Queridos y beso al Padre y al Hijo que continuaron cantando y empezó a cantar también Ella, emocionada derramaba lágrimas que se convertían en más hadas...
Hijo querido, dijo el Padre, haciendo un guiño a la Madre, las hadas guardarán los seres vivos que hemos creado, espantando a los secuaces de quien no supo ser humilde; los ángeles fieles siempre estarán con ellas, ayudándolas...
Sucedió que los ángeles se enamoraron de ellas y dieron hijos, pero esta es otra historia...
No obstante, los ángeles se inquietaron mucho por Ella... más Gabriel preguntó, ¿Que te causa pesar, amadisima Mater Celestialis?
Queridísimos ángeles, ustedes saben que los amo muchísimo y que el Padre me puso como Señora de ustedes; pero ¡Ay! mi Persona se estremece ante lo que hacen Luzbel y sus ángeles y se derrama en lágrimas, lloraba mientras decía esto y las lágrimas se convertían en gotas de cristal primordial de todo liquido creado, luego cantó algo dulcísimo a ellos y se durmió; en la creación se hizo de noche.
Seguime Hijo, dijo de repente el Padre penetraron en la Casa Celestial, se dirigieron a la habitación de la Mater Celestialis, como brisa de primavera, fresca y leve; recogieron las lágrimas de Ella; había grandes, medianas y pequeñas, pero todas de un brillo indescriptible que ni todos los diamantes del mundo pueden igualar.
Luego que las recogieron todas, silenciosa y levemente se fueron al taller de creación. El Padre se puso a pensar, mientras el Hijo seguía creando ángeles según le enseño el Primero;
hacía largo rato, que estaba así, cuando miró la Tierra que había creado y vió que estaba muy silenciosa, los pájaros no cantaban en esos tiempos primigenios sino que eran descendientes de los dinosaurios, quienes gemían y chillaban, los mamíferos eran menos que minúsculos animales, tan pequeños como una rata.
Recordaba la gran batalla de los arcángeles, ocurrida poco después de su creación, uno de los cuales se ensorbeció, se opuso contra los otros y se rebeló contra los Tres Santos.
Y agarró una rama de los saurios y hizo bestias terribles que estremecieron la Tierra; Dios Trino viendo esto, tuvo que exterminar con fuego y polvo del espacio a esas criaturas, según dicen las Crónicas... Y vió que había muchos de los secuaces de ese Aborrecible haciendo porquerías en la Creación que estaba gestando.
Y miró las lágrimas rutilantes de la Madre; suavemente empezó a entonar un cántico intranscribible, de millones de arpas, ante el encantamiento las lágrimas se estremecieron apenas poniéndose opacas, resquebrajándose para dejar salir de su interior unos seres alados casi insectíforos que en vez de alas de paloma llevaban alas de insectos transparentes y nervadas, que recuerdan a las de la libélula mayormente.
El Hijo, maravillado, se acopló al cántico del Padre, mientras estallaba una míriada de hadas de todos los colores y formas, unas eran como mujercillas, otras mujeres insecto o otras más mujeres pájaro. Entonces se oyó el rumor de como el batir de miles de alas, era la Madre, que lloraba también pero de alegría y las lágrimas eclosionaban para dar hadas más buenas y hermosas.
Gracias mis Queridos y beso al Padre y al Hijo que continuaron cantando y empezó a cantar también Ella, emocionada derramaba lágrimas que se convertían en más hadas...
Hijo querido, dijo el Padre, haciendo un guiño a la Madre, las hadas guardarán los seres vivos que hemos creado, espantando a los secuaces de quien no supo ser humilde; los ángeles fieles siempre estarán con ellas, ayudándolas...
Sucedió que los ángeles se enamoraron de ellas y dieron hijos, pero esta es otra historia...
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