sábado, 7 de junio de 2014

Sobre los elementales... Parte II

El año pasado, fui a las cataratas de Iguazú, portentosa maravilla natural que es visitada por gente de todo el mundo, ahi se destacan seres elementales que están en los ríos, lagos y cualquier espejo de agua. Tienen numerosos nombres, como ondinas, sílfides, sirenas de los ríos o del agua dulce. Son seres etéricos de apariencia muy femenina, con largos cabellos, ojos tornasolados y con dedos unidos por una membrana como la de las patas de los patos en la primera mitad de su largo, piel brillante que se vuelve escamosa en los miembros inferiores que tienen la propiedad de transmutarse en cola de pez o viceversa. Habitualmente son de pequeño tamaño, como de 70 cm. igual que las hadas, pero las ondinas de las cataratas son muy grandes con respecto a la talla normal de su especie. Las veía como cabalgándose en las estruendosos saltos de agua para finalmente volver hacia aguas arriba, casi como salmones, trepando en las rocas húmedas para comenzar de nuevo. Es un espectáculo ver como juegan con el agua siempre bullente de los saltos, haciendo una especie de deporte extremo que ni los más avezados se atreverían. Cuidan a los seres que medran en las aguas, como peces, crustáceos y moluscos. Pero no sólo ondinas había ahí, también estaban las hadas, en cantidades tan inmensas y con alas de los más maravillosos colores, en los que predominaba el amarillo, porque habia mariposas de color amarillo que abundaban ahí, había también hadas con colores azulados, negros con una mancha roja, correspondientes a las mismas clases de mariposas que habia ahí. Fue maravilloso estar ahí, me pedían agua y les daba un poco derramandolo sobre la madera de las pasarelas. No vi muchos de sexo masculino, o sea los hadas pero estaban afanosos en lo alto de los árboles. Es una maravilla estar en medio de la selva, caminar lentamente por las sendas, respirando aire puro, límpido y joven, mientras el gentío iba arreado por los guías turísticos a paso ligero sin siquiera disfrutar el paisaje. Especial mención merecen los gnomos de las cataratas, fue justo el último día de mi estadía, bien a la mañana temprano, iba al baño a asearme, vi una cucaracha enorme de colores extraños, casi blancuzcos, sin alas. Ello era indicio de los gnomos de la selva andaban cerca y que uno de ellos advertía de su presencia en el baño. Luego de ello, ya aseado y vestido, me fui a pasear brevemente despidiéndome de la selva y allí estaban, cerca de un montón de troncos y hojarasca debajo de un árbol dentro del parque del hotel, se parecían extraordinariamente a indios guaraníes, con sus caras características, pero de talla similar a los demás gnomos de todo el mundo pero algo más delgados vistiendo taparrabo en vez de trajes completos, como de 80 cm. de alto. Hablaba con ellos, me advertían que dejase el lugar lo más intacto posible, puesto que recogía desechos tirados desaprensivamente por los residentes y con ello removia parte de la hojarasca. Así lo hice y me despedí de ellos dando gracias por su presencia. Baste este relato breve para concluir la segunda parte. Muchas gracias a todos por leer.

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